Aragón fue a lo largo de la toda la Edad Media encrucijada de pueblos y creencias, lo que permitió que bajo su cielo convivieran iglesias, mezquitas y sinagogas. Sus orígenes se remontan a la época islámica —en algunos casos como Zaragoza, Huesca, Barbastro y Tarazona, la romana y visigoda— con lo que su pervivencia es multisecular, incrementada con la permanencia de los judeoconversos después de 1492. Demográficamente se situaba en torno al 10% de la población, alcanzando las 10.000 personas a fines del siglo XV. De hecho, la ausencia de persecuciones (como las vividas en Castilla, Valencia y Cataluña en 1391) y un clima de paz social, permitieron que este Reino se convirtiera en uno de los centros primordiales del judaísmo en Sefarad tras la desaparición de Sevilla, Barcelona o Valencia.

Consciente de esta importancia la Diputación Provincial de Zaragoza, desde su área de Presidencia, promueve un ambicioso e ilusionante proyecto, denominado Aragón, Espacio Sefarad, con una triple vertiente:

A. cultural: recuperar la memoria y el acervo cultural judío, en una historia común de judíos y aragoneses, en cuanto que aragoneses que practicaban el judaísmo.
B. ética: propiciar el reencuentro con las comunidades sefardíes que salieron de nuestro suelo con las que estamos en deuda desde la injusta expulsión de 1492.
C. desarrollo territorial: que promueva el turismo cultural mediante la recuperación integral de nuestras juderías y la realización de inversiones de uno de los mayores atractivos de Aragón junto con el románico y el mudéjar.

A tal fin, y mediante un equipo encabezado por el presidente de la Diputación, don Javier Lambán Montañés, y constituido por un coordinador general, don Javier Bona, y un director científico, don Miguel Angel Motis Dolader, a través de los centros de estudios de la Institución Fernando el Católico que se reparten por la provincia (Tarazona, Borja, Ejea de los Caballeros, Calatayud, Daroca, Caspe) y que ostentan una dilatada trayectoria en el campo de difusión de la cultura, se quiere acometer una serie de objetivos:

  • Recuperar y difundir la herencia judía medieval como ejemplo de tolerancia y clave de identidad cultural.

  • Acometer la publicación de monografía sobre sus principales aljamas y la compilación de las fuentes inéditas —tanto cristianas como hebreas— así como el patrimonio epigráfico.

  • Editar guías turísticas trilingües en español, inglés y hebreo de las diversas rutas de interés histórico-artístico

  • Señalización mediante placas cerámicas de los barrios judíos, así como su protección, con una futura declaración de Bien de Interés Cultural, y recuperación de sus elementos más significativos (sinagogas, baños, cementerios, etc.)

  • Configuración de una página Web (http://aragonjudio.dpz.es) donde se incluyan todas las juderías, sus atractivos y actividades.

  • Compilación de una base de datos de aproximadamente un millar de linajes de las familias judías que vivieron en Aragón.

  • Desarrollo de actividades culturales vinculadas al mundo judío y sefardí (Jornadas Sefardíes como las que se realizan en Tarazona o las programadas para Ejea y Calatayud)

  • Celebración de una magna exposición titulada Hebraia Aragonalia. La herencia judía en Aragón que se inaugurará el mes de octubre del año 2002 en el Palacio de Sástago y que permanecerá abierta por espacio de dos meses, a la que serán invitadas relevantes personalidades del mundo judío y donde se dedicarán espacios a distintos aspectos de esta minoría: artísticos, culturales, científicos, vida cotidiana, festividades, sociedad, economía, creencias, etc.

  • Realización de centros de interpretación monográficos y específicos de cada zona como el ya creado por la Asociación Moshé de Portella en Tarazona, el Centro de la Escritura en el Aragón judío de la Edad Media en la localidad de El Frago y el Centro de las culturas La Espiral en Ejea.

  • Plan integral de desarrollo territorial que permita canalizar un turismo cultural nacional e internacional como factor de riqueza.

  • Articulación de rutas inspiradas en la realidad de la Edad Media: Cinco Villas (Luesia, Sos, Uncastillo, Biel, El Frago, Ruesta, Luna, Tauste y Ejea); La ruta mudéjar del Moncayo (Tarazona, Borja, Mallén y Magallón); Daroca y su comunidad; Calatayud y su comarca; La ruta del talmud (Caspe, Híjar y Alcañiz).

En definitiva, colocar a Aragón en el lugar que le corresponde por su Historia y por la realidad de sus gentes que valoran sus raíces —en este caso la judía— y que quieren compartirlas y mostrarlas a los ciudadanos del mundo.