|
Parece inconcebible que una obra de la
magnitud de El Libro Verde, esencial de la historia del
Aragón bajomedieval y del alto Renacimiento1
, no contara hasta ahora con una edición crítica digna, y que
los estudiosos debieran consultar directamente las fuentes
originales, dispersas por diversos fondos archivísticos, o
bien versiones obsoletas, dadas a la imprenta hacía más de un
siglo, muchas de las cuales fragmentarias o con escaso esmero
y pulcritud paleográfica
2.
El presente trabajo se ha gestado gracias
al empeño de su autora, Monique Thiry-Combescure, quien
presentó en la Universidad de Toulouse-Le Mirail, próxima la
Navidad del año 1999, su tesis doctoral en torno a El Libro
Verde de Aragón. Contribution à l'étude du problème juif dans
la Penínsule Ibérique (XVème-XVIIème siècles). Dicho
trabajo de investigación, fue dirigido por los profesores
André Gallego y Henri Guerreiro (q.e.d.), obteniendo la máxima
calificación académica.
Consciente de las carencias apuntadas al
comienzo, y tras conocer en profundidad su contenido, en
cuanto que tuve el honor de ser invitado a formar parte de la
comisión juzgadora, persuadí a la entonces doctora para
realizar —sin perjuicio de otras— una edición española que le
diera una mayor difusión. Por ello, una edición crítica donde
se cotejan las distintas versiones de El Libro Verde,
en cuyas páginas se compilan los linajes conversos —adscritos
básicamente al tribunal de Zaragoza— debe ser tomado, como
mínimo, como un hecho venturoso por la comunidad científica.
En efecto, se publica en esta obra una
edición sinóptica de cuatro de los más importantes manuscritos
que se salvaron de su destrucción, una vez que el Consejo de
Aragón determinara la incineración de todos los ejemplares
existentes en la plaza del Mercado de Zaragoza el año 1622,
siendo proscrito al año siguiente por una Real Pragmática.
Ello sea probablemente fruto del azar y de que algunas copias
fueron recogidas, a ruegos de las más altas instancias
políticas aragonesas, por el Consejo de la Suprema
Inquisición. Afortunadamente el celo que siempre puso el Santo
Oficio en todos sus empeños no logró que no quedara ni aun
rastro del dicho Libro, a pesar de que se urgiera a sus
ministros a continuar las diligencias tan apretadamente
como conviene.
*
* *
Si concedemos veracidad al exordio inicial
y a la rúbrica con la que da comienzo la obra, su paternidad y
autoría ha de ser atribuida a Juan de Anchías, si tomamos la
locución latina “extracta” en su acepción de actividad
intelectual de redacción y elaboración ex novo y no la
compilación de un trabajo previo o coetáneo ya terminado.
En su exposición de motivos parte de un
hecho a priori incidental, aunque desencadenante, como es la
declaración de la peste en la ciudad de Zaragoza el año 1507,
responsabilizando bien a la corrupzion de los vientos
—según las tesis epidemiológicas en boga— bien a la ira del
Senyor, para azote de nuestras malas obras —en su acepción
providencialista—, y al pánico que se gestó al tratarse de un
fenómeno morboso incontrolado.
Como apunta el narrador, cada cual escapó
como pudo del flagelo dependiendo de su condición social,
como las condiziones de los moradores, como heran muchos,
fuesen diferentes, ansi en diversas maneras procuraba cada uno
su salud. A lo que parece, Anchías se trasladó primero a
Peñaflor, el 27 de enero, acompañado de toda su familia.
Temiendo que el intenso comercio de
productos y personas con la capital del Reino, muy próxima a
su nueva residencia, desaconsejaban su permanencia, optó por
la más conveniente villa de Belchite, donde permaneció hasta
el 12 de julio, en que regresó. Poco dado al ocio, en sus
propias palabras, claro está, tomó la determinación y deliberó
aprovechar la información proveniente del desempeño de su
cargo como asesor en los distritos regidos por los tribunales
de Huesca y Lérida, hecho que remonta al mes de julio de 1490.
Sus condiciones eran óptimas para este
proceder, por haber intervenido en numerosos autos de fe, por
haber manejado multitud de causas incoadas en aquellas fechas
y por haber tenido acceso a testamentos y capítulos
matrimoniales que con motivo del embargo de bienes se
requirieron a los procesados. Item más, el mundo judío y el
converso no le resultaban ajenos, al punto de que no conforme
con este elenco documental, indagó entre sabios y antiguos
judíos —entiendo que estas conversaciones las mantuvo antes de
concebir su proyecto, ya que hacía más de una década que
ningún judío, ya estuviese en la senectud, madurez o mocedad
quedaba en la ciudad—, así como neoconversos, tuvo noticia
directa de las generaziones de la maior parte de los
convertidos de este reyno.
Aprovechando sus largas jornadas de ocio,
recopila, a modo de vademecum, un índice de las
genealogías de los principales linajes de judeoconversos
aragoneses que tomaron el bautismo después de las
predicaciones de micer Vicente Ferrer3
y la Disputa o magna catequesis tortosí, para
perpetuar su memoria, ya que, al parecer, después de la
centuria transcurrida, existía una gran confusión entre
cristianos viejos o lindos y cristianos nuevos.
Su autor —cuya paternidad es discutida por
algunos— lo intituló, según las versiones que manejemos,
Linages de Aragon y particularmente de la ciudad de Zaragoza
que llaman el Libro Verde —expresión que pudo
identificarlo a partir de mediados del siglo XVI, pero que
probablemente no constaba en el documento princeps—,
también conocido bajo su dicción latina Genealogia Valde
Antiqua et Fidelis Neophitox Antiquorum qui conversi fuerunt
tempore beati Vincencii Ferrarii confessoris ordinis
predicatorum en ciutate Cesaragusta, et extra in regno
Aragonum.
Esta indexación la juzgaba provechosa para
que no se borrara en la memoria de sus conciudadanos la
constancia de los linajes de origen judío, ya que el tiempo
transcurrido desde el decreto de expulsión podía conducir a
una gran confusión. La magnitud de la empresa, y la
imposibilidad de tener acceso a los archivos del palacio de la
Aljafería, no permiten pensar que culminara su objetivo al
menos hasta varios años después, pues era tarea harto compleja
realizarla en Belchite, salvo que tuviera una colosal memoria,
pues semejante ocurrencia no la tuvo antes de partir de la
capital del Ebro, de modo que no es verosímil considerar la
posibilidad de que llevara sus anotaciones consigo, y menos
aún legajos o registros del Tribunal, custodiados con celo,
sin incurrir en un delito severamente castigado.
Muy escasos son los datos biográficos que
se desprenden de sus diversas intervenciones deducidas de los
protocolos notariales que no revalidan alguna de sus
afirmaciones. En cualquier caso es fehaciente que actuó como
notario de caja entre 1484 y 1487, ya que se han conservado
unos cuadernillos fragmentarios de su rúbrica en el Archivo de
Protocolos Notariales de Zaragoza que así lo refrendan.
Como persona física interviene en ciertas
transacciones. La primera se sustancia en 1488, cuando
arrienda al tejedor Antón de Tolosa por 133 sueldos unas casas
en la Carrera Nueva de la parroquia de San Felipe4
. Un año más tarde, y atendiendo un mandato regio, Gento
Atortox, judío, mercader, hijo de Salamon, habitante en Tauste5
, le enajena por 260 sueldos un granero en la judería de la
villa, lindante con otro granero de Juce Atortox, médico,
aunque no queda meridianamente claro si lo hace en virtud de
un cargo público o a título individual
6.
En cuanto a su actividad profesional
resulta particularmente útil el quaderno de los albaranes
efectuado por nuestro notario —las apocas quel senyor
Anchias ha de sacar de la recepta— bajo las órdenes de
mosen Juan de Enbún, receptor de la Inquisición en el bienio
1486-87, auxiliado por su lugarteniente mosen Simón Tirado.
Entre sus asientos extraigo el testificado el 10 de mayo de
1486, por cuyo albarán —expedido por él mismo (la apoca del
mesmo Anchias de todo su salario)— se saldan 2.500 sueldos
a Juan de Anchías, notario de la Sancta Inquisicion de la
fe, por los honorarios devengados desde el 7 de abril de
1484 hasta el 6 de abril de 14867
. Un hecho es inobjetable: la presencia en el escalafón de la
burocracia inquisitorial se produce desde la misma
implantación del Santo Oficio en Zaragoza.
Bajo la ejecutoria del receptor Juan Ruiz,
sucesor del mencionado supra, a lo largo del año 1487.
En uno de los libramientos se señala el pago de 572 sueldos 2
dineros por la prorrata de los tres meses y trece días que
he servido mi officio de notario de la Sancta Inquisicion,
abarcando desde el 17 de agosto hasta el 1 de diciembre del
citado año. Se apostilla un dato del máximo interés: dexe
la notaria de la Inquisicion el dito dia primero de deziembre
8.
Lo que a priori parecía ser un cese o una
excedencia, se trata exactamente de un ascenso, pues, sin
dejar de ser notario afecto probablemente al embargo e
inventario de bienes, pasa a ser notario qui so creado por el
rey nuestro sennor para la recognicion de la judicatura de los
bienes en el Officio de la Sancta Inquisicion o, como escribe
más adelante: notario qui so puesto por el rey nuestro sennor
para scitar y testifficar los processos e actos de la
judicatura de los pleytos e bienes en el Officio de la
Inquisicion. En justa congruencia sus emolumentos se
incrementan en un 25%, siendo retribuido con 2.500 sueldos
anuales cobrados cuatrimestralmente, quedando constancia de
los abonos del período comprendido entre el 1 de diciembre
1487 y el 31 de julio de 1488 (dos pagos de 833 sueldos 4
dineros) .
* * *
La autora ha partido en su exposición del
manuscrito 56-5-15 de la Biblioteca Colombina de Sevilla, por
entenderlo como genéticamente más fiable y el más antiguo, del
que, a lo largo del siglo XIX, en sus postrimerías —se cuela
al amanuense una errata donde se consigna el año 1891 en vez
de 1491—, se ejecutará una copia que se custodia en la
Biblioteca Nacional de Madrid (ms. 19167). El tercero y cuarto
de los encolumnados plasman otros tantos documentos del
Archivo Histórico Nacional: el consignado con el número 1282
—donde se desarrollan los árboles en una o dos generaciones
más— , y el manuscrito 3090 en el que llegan a tergiversarse
los contenidos. Con buen criterio, se ha descartado incluir el
manuscrito proteico del Colegio de Abogados de Zaragoza
realizado por encargo de su eximio bibliotecario Santiago
Penén, casi al concluir el siglo XIX
10.
De hecho, conforme nos distanciamos más en
el tiempo no sólo se multiplican los lapsi calami sino
también los errores y contaminaciones —algunas fruto de la
inepcia de los transcriptores, al punto de no saber
desentrañar las abreviaturas —, interesadas o no. De lo que no
hay duda alguna es que los diversos copistas, incluido el de
la Colombina no tenían una relación directa e inmediata con el
mundo de la onomástica judía, que llegan a desvirtuar
totalmente. Es muy cierto, asimismo, que las diversas manos
que intervienen, permiten rastrear registros lingüísticos
diversos, incluido un yacimiento de aragonesismos
11.
El manuscrito constaba, pues, de un núcleo
originario que se compondría por un abecedario que compilaba
las genealogías de los linajes de neófitos que, de un modo u
otro, comparecieron ante el tribunal de distrito de Zaragoza,
así como la identidad de los herejes condenados (confesos,
penitenciados, relajados, etc.) en los autos de fe que
tuvieron lugar básicamente entre 1482 y 1489, si bien las
distintas versiones incorporan noticias sobre la expulsión de
los judíos de los Reinos Hispánicos, el asesinato del
inquisidor Pedro Arbués, el interrogatorio al maestre racional
Sancho de Paternoy, uno los principales implicados en el
magnicidio, donde se reconstruye el iter criminis, la
epístola de los judíos hispánicos a sus correligionarios de
Constantinopla y réplica de éstos últimos, etc.
La práctica totalidad de los documentos
conservados que toman como base, más o menos remota, dicho
texto ya perdido, fueron redactaron en la última década del
siglo XVI, con motivo de las Alteraciones de 1591, después de
la fuga del secretario de Estado de Felipe II, Antonio Pérez,
para acogerse al Privilegio de Manifestación. Al parecer, se
pretendía involucrar a los principales cabecillas infamándoles
de herejes, siendo, pues, objeto de manipulación política, al
punto de que en 1601 fue calificado de libelo por los miembros
de la Diputación del Reino, siendo censurado por expertos
teólogos, encontrando el final apuntado al comienzo de esta
digresión.
* * *
1
GALLEGO, André, “Le Libro verde de Aragón ou la peur de la tache”, Anejos de
Criticon, 2 (1994), págs. 27-37.
2 PINA Y
FERRER, Victorio, El Libro Verde, Zargoza, s.a.; AMADOR DE LOS RÍOS, Rodrigo,
“El Libro Verde de Aragón”, Revista de España, 420 (1885), págs. 547-578; 422
(1885), págs. 249-288 y 424 (1885), págs. 567-603; SERRANO Y SANZ, Manuel, “El
linaje hebraico de los Caballería según el Libro Verde de Aragón y otros
documentos”, Boletín de la Real Academia de la Historia, LXXIII (1918), págs.
160-185; CAGIGAS, Isidoro de las (ed.), Libro Verde de Aragón, Madrid, 1929
3 CATEDRA,
Pedro, «Fray Vicente Ferrer y la predicación antijudaica en la campaña
castellana (1411-1412)», en "Qu'un sang impur". Les Conversos et le pouvoir en
Espagne a la fin du Moyen Age, Aix-en-Provence, 1997, págs. 19.46; SANCHEZ
SANCHEZ, Manuel Ambrosio, “Predicación y antisemitismo: el caso de San Vicente
Ferrer”, en Proyección histórica de España en sus tres culturas: Castilla y
León, América y el Mediterráneo, Valladolid, 1993, vol. 3, págs. 195-203; GARCIA
MARTINEZ, Antonio María Claret, “El acoso a las comunidades judías en los
milagros bajomedievales”, en La Península Ibérica en la Era de los
Descubrimientos (1391-1492), vol. I, págs. 301-319.
4
A.H.P.Z.,
Protocolo de Johan de Aguas, 1488, fols. 36v.-37.
5
Cfr.
MOTIS DOLADER, Miguel Angel, “La comunidad judía de la villa de Tauste durante
la Edad Media”, Actas de las III Jornadas sobre la Historia de Tauste, Zaragoza,
2003, (en prensa).
6
A.H.P.Z.,
Protocolo de Francisco Villanueva, 1489, fols. 22-22v.
7
A.H.P.Z.,
Protocolo de Juan de Anchias, 1486, cisterno, fols. 2-2v.
8
A.H.P.Z.,
Protocolo de Juan de Anchias, 1487, fols. 61-61v.
9
A.H.P.Z.,
Protocolo de Juan de Anchias, 1487, fols. 61v.-62v.
10
CABEZUDO
ASTRAIN, José, “Nuevos datos sobre la paternidad del Libro Verde de Aragón”,
Archivo de Filología Aragonesa, VI (1951), págs. 75-85
11
ALVAR,
Manuel, “Noticia lingüística del Libro Verde de Aragón”, Archivo de Filología
Aragonesa, II (1947), págs. 62-92 y en Estudios sobre el dialecto aragonés,
Zaragoza, 1978, págs. 105-138.
|