PRESENTACIÓN
REFLEXIONES EN TORNO AL LIBRO VERDE

Miguel Ángel Motis Dolader

Parece inconcebible que una obra de la magnitud de El Libro Verde, esencial de la historia del Aragón bajomedieval y del alto Renacimiento1 , no contara hasta ahora con una edición crítica digna, y que los estudiosos debieran consultar directamente las fuentes originales, dispersas por diversos fondos archivísticos, o bien versiones obsoletas, dadas a la imprenta hacía más de un siglo, muchas de las cuales fragmentarias o con escaso esmero y pulcritud paleográfica 2.

El presente trabajo se ha gestado gracias al empeño de su autora, Monique Thiry-Combescure, quien presentó en la Universidad de Toulouse-Le Mirail, próxima la Navidad del año 1999, su tesis doctoral en torno a El Libro Verde de Aragón. Contribution à l'étude du problème juif dans la Penínsule Ibérique (XVème-XVIIème siècles). Dicho trabajo de investigación, fue dirigido por los profesores André Gallego y Henri Guerreiro (q.e.d.), obteniendo la máxima calificación académica.

Consciente de las carencias apuntadas al comienzo, y tras conocer en profundidad su contenido, en cuanto que tuve el honor de ser invitado a formar parte de la comisión juzgadora, persuadí a la entonces doctora para realizar —sin perjuicio de otras— una edición española que le diera una mayor difusión. Por ello, una edición crítica donde se cotejan las distintas versiones de El Libro Verde, en cuyas páginas se compilan los linajes conversos —adscritos básicamente al tribunal de Zaragoza— debe ser tomado, como mínimo, como un hecho venturoso por la comunidad científica.

En efecto, se publica en esta obra una edición sinóptica de cuatro de los más importantes manuscritos que se salvaron de su destrucción, una vez que el Consejo de Aragón determinara la incineración de todos los ejemplares existentes en la plaza del Mercado de Zaragoza el año 1622, siendo proscrito al año siguiente por una Real Pragmática. Ello sea probablemente fruto del azar y de que algunas copias fueron recogidas, a ruegos de las más altas instancias políticas aragonesas, por el Consejo de la Suprema Inquisición. Afortunadamente el celo que siempre puso el Santo Oficio en todos sus empeños no logró que no quedara ni aun rastro del dicho Libro, a pesar de que se urgiera a sus ministros a continuar las diligencias tan apretadamente como conviene.

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Si concedemos veracidad al exordio inicial y a la rúbrica con la que da comienzo la obra, su paternidad y autoría ha de ser atribuida a Juan de Anchías, si tomamos la locución latina “extracta” en su acepción de actividad intelectual de redacción y elaboración ex novo y no la compilación de un trabajo previo o coetáneo ya terminado.

En su exposición de motivos parte de un hecho a priori incidental, aunque desencadenante, como es la declaración de la peste en la ciudad de Zaragoza el año 1507, responsabilizando bien a la corrupzion de los vientos —según las tesis epidemiológicas en boga— bien a la ira del Senyor, para azote de nuestras malas obras —en su acepción providencialista—, y al pánico que se gestó al tratarse de un fenómeno morboso incontrolado.

Como apunta el narrador, cada cual escapó como pudo del flagelo dependiendo de su condición social, como las condiziones de los moradores, como heran muchos, fuesen diferentes, ansi en diversas maneras procuraba cada uno su salud. A lo que parece, Anchías se trasladó primero a Peñaflor, el 27 de enero, acompañado de toda su familia.

Temiendo que el intenso comercio de productos y personas con la capital del Reino, muy próxima a su nueva residencia, desaconsejaban su permanencia, optó por la más conveniente villa de Belchite, donde permaneció hasta el 12 de julio, en que regresó. Poco dado al ocio, en sus propias palabras, claro está, tomó la determinación y deliberó aprovechar la información proveniente del desempeño de su cargo como asesor en los distritos regidos por los tribunales de Huesca y Lérida, hecho que remonta al mes de julio de 1490.

Sus condiciones eran óptimas para este proceder, por haber intervenido en numerosos autos de fe, por haber manejado multitud de causas incoadas en aquellas fechas y por haber tenido acceso a testamentos y capítulos matrimoniales que con motivo del embargo de bienes se requirieron a los procesados. Item más, el mundo judío y el converso no le resultaban ajenos, al punto de que no conforme con este elenco documental, indagó entre sabios y antiguos judíos —entiendo que estas conversaciones las mantuvo antes de concebir su proyecto, ya que hacía más de una década que ningún judío, ya estuviese en la senectud, madurez o mocedad quedaba en la ciudad—, así como neoconversos, tuvo noticia directa de las generaziones de la maior parte de los convertidos de este reyno.

Aprovechando sus largas jornadas de ocio, recopila, a modo de vademecum, un índice de las genealogías de los principales linajes de judeoconversos aragoneses que tomaron el bautismo después de las predicaciones de micer Vicente Ferrer3 y la Disputa o magna catequesis tortosí, para perpetuar su memoria, ya que, al parecer, después de la centuria transcurrida, existía una gran confusión entre cristianos viejos o lindos y cristianos nuevos.

Su autor —cuya paternidad es discutida por algunos— lo intituló, según las versiones que manejemos, Linages de Aragon y particularmente de la ciudad de Zaragoza que llaman el Libro Verde —expresión que pudo identificarlo a partir de mediados del siglo XVI, pero que probablemente no constaba en el documento princeps—, también conocido bajo su dicción latina Genealogia Valde Antiqua et Fidelis Neophitox Antiquorum qui conversi fuerunt tempore beati Vincencii Ferrarii confessoris ordinis predicatorum en ciutate Cesaragusta, et extra in regno Aragonum.

Esta indexación la juzgaba provechosa para que no se borrara en la memoria de sus conciudadanos la constancia de los linajes de origen judío, ya que el tiempo transcurrido desde el decreto de expulsión podía conducir a una gran confusión. La magnitud de la empresa, y la imposibilidad de tener acceso a los archivos del palacio de la Aljafería, no permiten pensar que culminara su objetivo al menos hasta varios años después, pues era tarea harto compleja realizarla en Belchite, salvo que tuviera una colosal memoria, pues semejante ocurrencia no la tuvo antes de partir de la capital del Ebro, de modo que no es verosímil considerar la posibilidad de que llevara sus anotaciones consigo, y menos aún legajos o registros del Tribunal, custodiados con celo, sin incurrir en un delito severamente castigado.

Muy escasos son los datos biográficos que se desprenden de sus diversas intervenciones deducidas de los protocolos notariales que no revalidan alguna de sus afirmaciones. En cualquier caso es fehaciente que actuó como notario de caja entre 1484 y 1487, ya que se han conservado unos cuadernillos fragmentarios de su rúbrica en el Archivo de Protocolos Notariales de Zaragoza que así lo refrendan.

Como persona física interviene en ciertas transacciones. La primera se sustancia en 1488, cuando arrienda al tejedor Antón de Tolosa por 133 sueldos unas casas en la Carrera Nueva de la parroquia de San Felipe4 . Un año más tarde, y atendiendo un mandato regio, Gento Atortox, judío, mercader, hijo de Salamon, habitante en Tauste5 , le enajena por 260 sueldos un granero en la judería de la villa, lindante con otro granero de Juce Atortox, médico, aunque no queda meridianamente claro si lo hace en virtud de un cargo público o a título individual 6.

En cuanto a su actividad profesional resulta particularmente útil el quaderno de los albaranes efectuado por nuestro notario —las apocas quel senyor Anchias ha de sacar de la recepta— bajo las órdenes de mosen Juan de Enbún, receptor de la Inquisición en el bienio 1486-87, auxiliado por su lugarteniente mosen Simón Tirado. Entre sus asientos extraigo el testificado el 10 de mayo de 1486, por cuyo albarán —expedido por él mismo (la apoca del mesmo Anchias de todo su salario)— se saldan 2.500 sueldos a Juan de Anchías, notario de la Sancta Inquisicion de la fe, por los honorarios devengados desde el 7 de abril de 1484 hasta el 6 de abril de 14867 . Un hecho es inobjetable: la presencia en el escalafón de la burocracia inquisitorial se produce desde la misma implantación del Santo Oficio en Zaragoza.

Bajo la ejecutoria del receptor Juan Ruiz, sucesor del mencionado supra, a lo largo del año 1487. En uno de los libramientos se señala el pago de 572 sueldos 2 dineros por la prorrata de los tres meses y trece días que he servido mi officio de notario de la Sancta Inquisicion, abarcando desde el 17 de agosto hasta el 1 de diciembre del citado año. Se apostilla un dato del máximo interés: dexe la notaria de la Inquisicion el dito dia primero de deziembre 8.
 

Lo que a priori parecía ser un cese o una excedencia, se trata exactamente de un ascenso, pues, sin dejar de ser notario afecto probablemente al embargo e inventario de bienes, pasa a ser notario qui so creado por el rey nuestro sennor para la recognicion de la judicatura de los bienes en el Officio de la Sancta Inquisicion o, como escribe más adelante: notario qui so puesto por el rey nuestro sennor para scitar y testifficar los processos e actos de la judicatura de los pleytos e bienes en el Officio de la Inquisicion. En justa congruencia sus emolumentos se incrementan en un 25%, siendo retribuido con 2.500 sueldos anuales cobrados cuatrimestralmente, quedando constancia de los abonos del período comprendido entre el 1 de diciembre 1487 y el 31 de julio de 1488 (dos pagos de 833 sueldos 4 dineros) .

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La autora ha partido en su exposición del manuscrito 56-5-15 de la Biblioteca Colombina de Sevilla, por entenderlo como genéticamente más fiable y el más antiguo, del que, a lo largo del siglo XIX, en sus postrimerías —se cuela al amanuense una errata donde se consigna el año 1891 en vez de 1491—, se ejecutará una copia que se custodia en la Biblioteca Nacional de Madrid (ms. 19167). El tercero y cuarto de los encolumnados plasman otros tantos documentos del Archivo Histórico Nacional: el consignado con el número 1282 —donde se desarrollan los árboles en una o dos generaciones más— , y el manuscrito 3090 en el que llegan a tergiversarse los contenidos. Con buen criterio, se ha descartado incluir el manuscrito proteico del Colegio de Abogados de Zaragoza realizado por encargo de su eximio bibliotecario Santiago Penén, casi al concluir el siglo XIX 10.

De hecho, conforme nos distanciamos más en el tiempo no sólo se multiplican los lapsi calami sino también los errores y contaminaciones —algunas fruto de la inepcia de los transcriptores, al punto de no saber desentrañar las abreviaturas —, interesadas o no. De lo que no hay duda alguna es que los diversos copistas, incluido el de la Colombina no tenían una relación directa e inmediata con el mundo de la onomástica judía, que llegan a desvirtuar totalmente. Es muy cierto, asimismo, que las diversas manos que intervienen, permiten rastrear registros lingüísticos diversos, incluido un yacimiento de aragonesismos 11.

El manuscrito constaba, pues, de un núcleo originario que se compondría por un abecedario que compilaba las genealogías de los linajes de neófitos que, de un modo u otro, comparecieron ante el tribunal de distrito de Zaragoza, así como la identidad de los herejes condenados (confesos, penitenciados, relajados, etc.) en los autos de fe que tuvieron lugar básicamente entre 1482 y 1489, si bien las distintas versiones incorporan noticias sobre la expulsión de los judíos de los Reinos Hispánicos, el asesinato del inquisidor Pedro Arbués, el interrogatorio al maestre racional Sancho de Paternoy, uno los principales implicados en el magnicidio, donde se reconstruye el iter criminis, la epístola de los judíos hispánicos a sus correligionarios de Constantinopla y réplica de éstos últimos, etc.

La práctica totalidad de los documentos conservados que toman como base, más o menos remota, dicho texto ya perdido, fueron redactaron en la última década del siglo XVI, con motivo de las Alteraciones de 1591, después de la fuga del secretario de Estado de Felipe II, Antonio Pérez, para acogerse al Privilegio de Manifestación. Al parecer, se pretendía involucrar a los principales cabecillas infamándoles de herejes, siendo, pues, objeto de manipulación política, al punto de que en 1601 fue calificado de libelo por los miembros de la Diputación del Reino, siendo censurado por expertos teólogos, encontrando el final apuntado al comienzo de esta digresión.

 

 

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1 GALLEGO, André, “Le Libro verde de Aragón ou la peur de la tache”, Anejos de Criticon, 2 (1994), págs. 27-37.

2 PINA Y FERRER, Victorio, El Libro Verde, Zargoza, s.a.; AMADOR DE LOS RÍOS, Rodrigo, “El Libro Verde de Aragón”, Revista de España, 420 (1885), págs. 547-578; 422 (1885), págs. 249-288 y 424 (1885), págs. 567-603; SERRANO Y SANZ, Manuel, “El linaje hebraico de los Caballería según el Libro Verde de Aragón y otros documentos”, Boletín de la Real Academia de la Historia, LXXIII (1918), págs. 160-185; CAGIGAS, Isidoro de las (ed.), Libro Verde de Aragón, Madrid, 1929

3 CATEDRA, Pedro, «Fray Vicente Ferrer y la predicación antijudaica en la campaña castellana (1411-1412)», en "Qu'un sang impur". Les Conversos et le pouvoir en Espagne a la fin du Moyen Age, Aix-en-Provence, 1997, págs. 19.46; SANCHEZ SANCHEZ, Manuel Ambrosio, “Predicación y antisemitismo: el caso de San Vicente Ferrer”, en Proyección histórica de España en sus tres culturas: Castilla y León, América y el Mediterráneo, Valladolid, 1993, vol. 3, págs. 195-203; GARCIA MARTINEZ, Antonio María Claret, “El acoso a las comunidades judías en los milagros bajomedievales”, en La Península Ibérica en la Era de los Descubrimientos (1391-1492), vol. I, págs. 301-319.

4 A.H.P.Z., Protocolo de Johan de Aguas, 1488, fols. 36v.-37.

5 Cfr. MOTIS DOLADER, Miguel Angel, “La comunidad judía de la villa de Tauste durante la Edad Media”, Actas de las III Jornadas sobre la Historia de Tauste, Zaragoza, 2003, (en prensa).

6 A.H.P.Z., Protocolo de Francisco Villanueva, 1489, fols. 22-22v.

7 A.H.P.Z., Protocolo de Juan de Anchias, 1486, cisterno, fols. 2-2v.

8 A.H.P.Z., Protocolo de Juan de Anchias, 1487, fols. 61-61v.

9 A.H.P.Z., Protocolo de Juan de Anchias, 1487, fols. 61v.-62v.

10 CABEZUDO ASTRAIN, José, “Nuevos datos sobre la paternidad del Libro Verde de Aragón”, Archivo de Filología Aragonesa, VI (1951), págs. 75-85

11 ALVAR, Manuel, “Noticia lingüística del Libro Verde de Aragón”, Archivo de Filología Aragonesa, II (1947), págs. 62-92 y en Estudios sobre el dialecto aragonés, Zaragoza, 1978, págs. 105-138.