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EL ESPLENDOR DE LA CERÁMICA ESPAÑOLA

   
 

La exposición que presenta el Taller Escuela de Cerámica de Muel de la Diputación Provincial de Zaragoza, El esplendor de la cerámica española. Colección de la Fundación Francisco Godia, ha seleccionado lo mejor de su fondo de cerámica, de la mano de las comisarias, Maria Antonia Casanovas, conservadora del Museo de Cerámica de Barcelona, y Sara Puig, directora de la Fundación. La muestra está patrocinada por Grandes Vinos y Viñedos, y Cajalón.

Más de un centenar de piezas realizadas entre finales del siglo XIII y los comienzos del XIX que abarcan algunos de los principales talleres de la Península, con especial interés por los antiguos territorios de la Corona de Aragón: Manises, Paterna y Alcora del antiguo reino de Valencia, los alfares de Muel, Villafeliche y Teruel del viejo reino de Aragón, y de Cataluña, Barcelona; de los reinos de Castilla y León, los talleres de Talavera y Puente del Arzobispo. La exposición será inaugurada en la tarde de hoy, a las 20,00 horas, y en la misma se interpretará una obra musical contemporánea, compuesta por el aragonés Luis Pedro Bráviz Coarasa, como ya es tradicional en las exposiciones que acoge el Taller-Escuela de Muel.

La organización de El esplendor de la cerámica española es temática y presenta obras de variadas tipologías: jarras, escudillas, botes de farmacia, fuentes, platos de engaño, barroco... El primer ámbito corresponde a la loza dorada de tradición mudéjar perteneciente a los alfares moriscos de Manises y Paterna en el reino de Valencia; abundando en el mismo taller de Paterna, una singular tipología, los socarrats (“socarrados”), objetos de cerámica que cubrían los techos de las viviendas palaciegas como una alternativa arquitectónica en terracota.

El tercer espacio gira en torno a la cerámica con signos heráldicos como fórmula de prestigio social: escudos nobiliarios y emblemas de órdenes militares y religiosas. Figuras y retratos ordenan el cuarto, donde destaca el busto en loza blanca de Alcora del célebre conde de Aranda, el gran ministro ilustrado aragonés. Los dos últimos ámbitos se dedican al bestiario o fauna simbólica y doméstica, en la que la pieza más significativa es un magnífico plato-fuente de Villafeliche, y por último los “caprichos de la naturaleza”, flores y paisajes en la cerámica.

El catálogo, de 128 páginas a color, recoge estudios de la comisaria María Antonia Casanovas, que realiza las introducciones a cada ámbito, Sara Puig, sobre el coleccionismo de cerámica en España, y Margaret Connors McQuade (de la Hispanic Societey of America de Nueva York) sobre el coleccionismo de cerámica española en los Estados Unidos.

La Fundación Francisco Godia inauguró sus actividades en Barcelona en 1998. Custodia la colección del propio Godia, una de las mejores privadas españolas, integrada por casi dos mil objetos de arte entre pintura, escultura y artes decorativas de una cronología que abarca desde la Edad Media hasta la contemporaneidad. Dentro de las artes decorativas, la cerámica posee una abundante representación con un fondo de más de 500 piezas españolas. Entre los platos y recipientes varios provenientes de los talleres de Manises, Paterna y otros, una de las piezas más antiguas es un azulejo del siglo XIV con decoración heráldica y humana proveniente de un alfar de Teruel.

El origen de la colección

La personalidad de Francisco Godia Sales (1921-1990) no deja indiferente al curioso. Este inquieto barcelonés combinó su actividad como hombre de negocios con su mayor pasión, el automovilismo. A los trece años ya sabía conducir; se estrenó en este deporte en el circuito de Montjuïc en 1945. Con veintiocho años participó en las 24 horas de Le Mans (1949) donde quedó en cuarta posición y entre 1954 y 1958 en el Campeonato del Mundo de Fórmula 1, con la escudería Maserati. Incluso batió el récord de velocidad por carretera al cubrir en menos de cinco horas el trayecto ente Barcelona y Madrid.

Esta singular personalidad convivió además con una pequeña colección de arte, especialmente medieval, formada por su padre que le despertó otra pasión no menor, el coleccionismo. Los frecuentes viajes de negocios, en especial a Madrid, le condujeron también a las tiendas de los mejores anticuarios; después vendrían las compras sistemáticas e incluso la adquisición de colecciones completas con la de Narcís Ricart, especializada en escultura medieval. Estos fondos con el tiempo formaron en los setenta un «museo secreto» en “El Conventet, propiedad situada en la zona residencial de Pedralbes de cuyo monasterio cisterciense fue capellanía. Restaurado el edificio con minuciosidad, se emplazó allí parte de la colección; se había recreado una especie de «Cloisters» neoyorquinos integrados por el propio monumento gótico con la adición de capiteles, puertas y un tímpano procedentes del cenobio románico de Santa María de Besalú (s. XII) así como una larga serie de tallas y pinturas medievales. Pero la colección no se detiene en la Edad Media y recorre todas las épocas y estilos hasta la contemporaneidad. Su propietario formó lo que bien podría ser denominado un museo privado, en la estela de la mejor tradición coleccionista catalana de los Cambó, Plandiura, Muntadas y otros próceres.